Una fortuna que nadie ha podido encontrar
Mircea Popescu decía ser el único millonario de Bitcoin del mundo. Y no lo decía en voz baja. Lo escribía en su blog, Trilema, con la arrogancia de quien se cree con razón: presumía de tener más de un millón de bitcoins y llegó a amenazar con venderlos de golpe si la red no se hacía a su manera. Era rumano, fundó una de las primeras bolsas de Bitcoin que existieron, MPEx, y fue una figura central de los foros donde se decidió buena parte de la historia temprana de esta tecnología. CoinDesk, que no es precisamente un panfleto, lo bautizó como “el padre de la toxicidad en Bitcoin”. Te cayera bien o mal, Popescu importaba.
El 23 de junio de 2021 entró a bañarse en Playa Hermosa, en la costa pacífica de Costa Rica, y una corriente se lo llevó. Tenía 41 años. El cuerpo lo recuperó e identificó el Organismo de Investigación Judicial costarricense, que al principio lo dio por un ciudadano polaco antes de ponerle nombre.
Y aquí empieza lo que de verdad quiero contarte. Porque a partir de ese día, las preguntas se quedaron sin respuesta.
¿Cuánto tenía? No se sabe. El millón de bitcoins lo decía él. Los analistas serios hablan de “decenas de miles”, que ya es una fortuna enorme, pero nadie ha podido confirmar la cifra. ¿Dónde está ese Bitcoin? Tampoco se sabe: sus direcciones nunca se hicieron públicas, así que ni siquiera podemos mirar la cadena y comprobar si las monedas siguen ahí o se han movido. ¿Lo heredó alguien? No consta. No se le conocen hijos, ni viuda, ni testamento, ni un plan de sucesión. Un periodista lo resumió de la forma más cruda: nadie sabe de ningún descendiente, ni del estado de sus fondos.
Fíjate en lo incómodo de todo esto. Hablamos de una de las personas más ruidosas de la historia de Bitcoin, alguien que presumía de su fortuna en internet cada semana. Y aun así, el día que murió, su patrimonio se volvió invisible. No hay un titular que diga “se perdieron tantos millones”, porque ni siquiera eso podemos afirmar. Solo hay silencio.
El dato no es la cifra. El dato es el silencio. Y ese silencio no es exclusivo de los famosos de Bitcoin. Es, casi calcado, lo que le ocurre a una persona normal cuando se va sin dejar instrucciones.
Lo esencial
En España, el Bitcoin se hereda. Forma parte de la herencia como cualquier otro bien, y Hacienda lo sabe: tu familia tendrá que pagar el Impuesto sobre Sucesiones por su valor de mercado el día que tú faltes.
Pero que la ley reconozca el derecho a heredar no significa que tu familia pueda acceder. Si las claves privadas no están en ningún sitio que ellos sepan encontrar, no hay abogado, ni notario, ni juez que recupere esas monedas. La red de Bitcoin no tiene un botón de “devolver al heredero”.
Por eso casi nunca llega a los tribunales. No hay pleito, no hay sentencia, no hay noticia. Solo una familia que intuye que ahí había algo y que nunca podrá tocarlo. Y cuando hay dinero bloqueado y gente desesperada, aparecen los que prometen “recuperarlo” a cambio de un último pago.
La buena noticia es que esto se previene. No con tecnología cara, sino con una hora de orden y un sobre que guarda un notario. Te lo cuento entero.
El Bitcoin que sobrevive a su dueño
Empecemos por lo que sí está claro, porque la confusión más habitual es creer que el Bitcoin es una especie de limbo legal. No lo es.
El Código Civil español dice, en sus artículos 659 y 661, que la herencia comprende todos los bienes y derechos que no se extinguen con la muerte, y que los herederos suceden al fallecido por el solo hecho de morir. El Bitcoin entra ahí sin discusión. De hecho, el Tribunal Supremo ya se pronunció sobre qué es: en su sentencia 326/2019, de 20 de junio, dictada en una causa penal por estafa y con Pablo Llarena como ponente, definió el bitcoin como “un activo patrimonial inmaterial, en forma de unidad de cuenta” que “en modo alguno es dinero, ni puede tener tal consideración legal”. Es un bien. Y los bienes se heredan.
El problema no está en la ley. Está en la física del asunto.
Para mover un bitcoin hace falta una clave privada. No es una contraseña que un banco pueda restablecer, ni un dato que una empresa guarde por ti. Es un secreto que, si lo custodias tú mismo, vive donde tú decidas: un papel, un dispositivo, tu memoria. Si ese secreto no se transmite, las monedas no se pierden en el sentido de desaparecer; se quedan exactamente donde están, visibles para todo el mundo en la cadena, e imposibles de mover para siempre.
Y esto es lo que casi nadie entiende hasta que le toca: una sentencia favorable no sirve de nada. Aunque un juez reconozca a tu hijo como heredero legítimo de tus bitcoins, no existe ninguna autoridad capaz de obligar a la red a reasignarlos. No hay a quién reclamar. El patrimonio no se transfiere: se queda inmóvil, como un cuadro encerrado en una caja fuerte cuya combinación se enterró con su dueño.
Cuando la herencia no llega al juzgado
Voy a contarte algo que me sorprendió incluso a mí cuando lo busqué a fondo.
A principios de 2026 no hay en España ni una sola sentencia conocida que resuelva una pelea de herederos por unos bitcoins. Ni una. Hay resoluciones que rozan el tema, alguna Audiencia ha tenido que valorar criptomonedas dentro de un divorcio, y los tribunales económicos han discutido cómo tributan, pero el caso típico, los hijos que reclaman el Bitcoin de su padre fallecido, no aparece en los repertorios.
¿Quiere decir eso que no ocurre? Todo lo contrario. Quiere decir que, cuando falla, falla en silencio.
Piénsalo un momento. Para que haya un pleito tienen que darse tres cosas: alguien tiene que saber que el activo existe, saber cuánto vale, y tener una posibilidad real de recuperarlo. En el Bitcoin mal heredado no se cumple casi ninguna. La familia muchas veces ni sabe que había bitcoins. Si lo sabe, no encuentra las claves. Y si no encuentra las claves, no hay nada que reclamar ante un juez, porque ningún juez puede devolver lo que es técnicamente irrecuperable. El resultado no es un juicio. Es un duelo, y un cajón que nadie sabe abrir.
Esa es la trampa de la que nadie habla. Lo que no llega al juzgado no es lo que no pasa. Es, muchas veces, lo que peor acaba.
Alguien ya está reclamando el Bitcoin de los muertos
Mientras esas herencias se quedan en silencio, hay quien ha visto ahí un negocio.
En marzo de 2026 se presentó una demanda en el Tribunal Supremo del estado de Nueva York, un tribunal estatal, no federal, con un planteamiento que parece de ciencia ficción y es del todo real, con número de expediente incluido: 153119/2026. Dos sociedades de Wyoming y un demandante bajo el seudónimo “Noah Doe” piden al tribunal que les declare propietarios de 39.069 monederos de Bitcoin que llevan años sin moverse. Dentro de esos monederos hay unos 3,79 millones de bitcoins. A precio de mercado, hablamos de más de 285.000 millones de dólares.
La jugada legal es lo más revelador. Para reclamar esos monederos, los demandantes los presentan como “objetos perdidos”, acogiéndose a una vieja ley de propiedad de Nueva York pensada para cosas extraviadas. Y para que encaje, hacen algo que sería casi cómico si no fuera tan serio: valoran cada monedero en menos de diez dólares. Su argumento es que, como nadie tiene las claves, esos bitcoins no valen nada para nadie, así que bien podrían quedárselos ellos. Reclaman una fortuna histórica sosteniendo que no vale nada.
Los demandados son, literalmente, “John Does 1 a 39.069”: personas desconocidas. Nadie sabe quiénes son. Pero el mercado intuye lo que probablemente haya detrás de muchas de esas direcciones dormidas: gente que murió sin transmitir sus claves, y gente que las perdió. El Bitcoin de los ausentes.
De momento la jugada no ha colado. El 5 de junio de 2026, después de que un abogado ajeno al caso presentara un escrito cuestionando toda la teoría, la jueza Kathy J. King frenó el procedimiento antes de que pudiera dictarse una resolución automática a favor de los demandantes. Y un analista lo resumió mejor que cualquier letrado: aunque ganaran, la victoria sería solo simbólica. Sin las claves privadas, ningún tribunal del mundo puede mover esos bitcoins. La sentencia sería un papel bonito y nada más.
Quédate con la imagen, porque resume el artículo entero: hay tanto Bitcoin atrapado por muertes y descuidos que ya hay despachos montando teorías legales para quedárselo. Y ni siquiera así se puede, si no está la clave.
Lo que de verdad cuesta heredar Bitcoin en España
Vuelvo a tu casa, que es lo que importa.
Si tú faltas hoy con bitcoins, tu familia tiene seis meses para presentar y pagar el Impuesto sobre Sucesiones. Y se paga sobre el valor de mercado del Bitcoin el día de tu fallecimiento, no el día en que ellos consigan acceder, si es que lo consiguen. Aquí hay una trampa de liquidez que conviene ver venir. Imagina que dejas bitcoins valorados en cientos de miles de euros: el impuesto se calcula sobre esa cifra, y tu familia no puede vender ni un satoshi porque no tiene las claves. Hacienda quiere cobrar por algo que tus herederos todavía no pueden tocar.
Una cosa buena, que mucha gente desconoce: en una herencia, la revalorización que tuvo tu Bitcoin mientras vivías no paga IRPF. Es lo que los fiscalistas llaman, con ese humor que tienen, “la plusvalía del muerto”: esa ganancia queda no sujeta por ley, en el artículo 33.3.b de la ley del IRPF. Solo se paga el Impuesto sobre Sucesiones. Ojo, porque en una donación en vida la cosa cambia, y ahí sí puede aparecer el IRPF para quien dona. Herencia y donación no son lo mismo, y la diferencia se mide en dinero.
Ves por dónde voy. La parte legal y fiscal tiene solución, y profesionales colegiados que la firman. La parte que de verdad hace daño es la otra: el acceso. Puedes tener el mejor testamento del mundo, que si la clave no aparece, no hay herencia que valga.
El segundo despojo
Hay una crueldad añadida en todo esto, y prefiero que la conozcas por mí antes que por las malas.
Cuando una familia sabe que hay un dinero bloqueado y no consigue llegar a él, se convierte en el blanco perfecto para una segunda estafa. Los llaman recovery scams, estafas de recuperación, y en España ya tienen nombre propio y detenidos.
En abril de 2025, la Policía Nacional y la Guardia Civil desmantelaron la operación COINBLACK-WENDIMINE. Los responsables habían engañado a 208 víctimas con falsas inversiones en criptomonedas, usando vídeos manipulados con inteligencia artificial en los que personajes públicos conocidos parecían recomendar el producto. Se llevaron más de 19 millones de euros. Pero lo verdaderamente sucio vino después: volvían a llamar a esas mismas víctimas, ahora haciéndose pasar por agentes de Europol o por abogados británicos, para decirles que habían “recuperado” su dinero y que solo tenían que adelantar unos impuestos para que se lo devolvieran. La misma gente, estafada dos veces.
No es un caso aislado. El instituto español de ciberseguridad, INCIBE, ya publica guías específicas sobre este tipo de fraude. Y la CNMV lleva años advirtiendo de que la gran mayoría de los chiringuitos financieros que señala tienen que ver con criptomonedas. Al otro lado del Atlántico, el FBI cifró en 2025 las pérdidas por estas estafas de recuperación en torno a los 1.400 millones de dólares, y situó a los mayores de 60 años como las principales víctimas del fraude cripto.
Te lo cuento porque un patrimonio mal protegido puede morir dos veces: la primera, cuando se queda inaccesible; y la segunda, cuando alguien aprovecha el dolor de tu familia para rematarla.
La vía que sí funciona: el sobre que guarda un notario
Después de todo esto, parecería que la solución tiene que ser complicadísima. Y es justo al revés.
No hace falta un producto financiero, ni una empresa que te custodie nada, ni confiar tu secreto a un tercero. La forma más sólida de que tu Bitcoin llegue a tu familia es sorprendentemente analógica, y los notarios españoles ya la conocen.
Funciona en dos piezas. La primera: tu testamento menciona que tienes criptoactivos y nombra a quién quieres que se ocupe de ellos, lo que se suele llamar un albacea, en este caso uno con cabeza para lo digital. El testamento no lleva nunca la clave, porque eso sería un disparate: un testamento acaba siendo público. La segunda pieza: la clave privada o la frase de recuperación se deposita en un acta notarial de depósito, una figura que el Reglamento Notarial contempla desde hace décadas, en sus artículos 216 y siguientes, y que permite a un notario custodiar un documento, también en soporte digital, y entregarlo solo a quien tú designes, cuando tú lo dispongas. El sobre lacrado de toda la vida, con fe pública detrás.
Que quede claro, porque no quiero venderte humo: no existe un protocolo oficial del Notariado dedicado en exclusiva al Bitcoin, y cada notario decide si admite ese depósito. Es una vía práctica, no un sello automático. Pero funciona, y la usan despachos y notarías en España hoy.
Aquí es donde encaja lo que hacemos en Vaultbit, y donde quiero ser muy honesto contigo sobre lo que somos y lo que no. No soy notario: no doy fe pública ni firmo testamentos. No soy asesor financiero, ni custodio tus monedas. Lo que hacemos es la parte técnica y previa: diseñamos contigo el protocolo de herencia para que esa clave esté dividida y protegida con cabeza, redactamos un Manual del Heredero en un idioma que tu familia entienda el día peor de su vida, y nos coordinamos con un notario colegiado para que todo quede recogido como debe. La validez legal la pone el notario. Nosotros ponemos la arquitectura para que, el día que faltes, no falte nada más.
Por qué te lo cuento
Te lo cuento porque yo estuve en el lado tonto de esta historia.
Antes de Vaultbit trabajé años en una UCI. Allí aprendí algo que no se me ha olvidado: ningún sistema serio depende de que una sola persona esté presente. Todo se escribe, todo se deja apuntado, para que si tú faltas en mitad de un turno, quien entra detrás pueda seguir sin que el paciente lo note. Y sin embargo, durante mucho tiempo, mi propio Bitcoin vivía en un único dispositivo, con una sola copia de la semilla en un cajón, y sin una línea escrita para nadie. En 2018 perdí una parte importante de lo que tenía. No me hackearon. Fue mi propia custodia, mal montada. Nadie me robó: me lo perdí yo solo, por no tener un protocolo.
Por eso hago esto. No tengo un título en finanzas que colgar en la pared. Tengo la experiencia de haber perdido Bitcoin por no dejar un manual, y las ganas de que a ti no te pase, y sobre todo de que no le pase a quien te quiere.
Mircea Popescu presumía de tener más Bitcoin que nadie. Hoy nadie sabe dónde está, ni si alguien lo heredó. Tú no tienes por qué acabar siendo un misterio para tu propia familia. La diferencia entre un patrimonio que se hereda y uno que se evapora cabe, casi siempre, en un sobre que guarda un notario y en una conversación que merece la pena tener a tiempo.
Si llevas bitcoins en autocustodia o en plataformas, y tienes la sensación de que tu familia no sabría por dónde empezar el día que tú no estés, este es el momento de ordenarlo.
Una hora para poner sobre la mesa qué tienes, qué falta y a qué notario conviene llevarlo.
Daniel Brosed Giral · Fundador de Vaultbit Advisory · Diseño protocolos de custodia porque viví el error.
Preguntas frecuentes
¿Se puede heredar el Bitcoin que está en autocustodia si nadie conoce la clave privada?
No. Si el titular fallece sin transmitir la clave privada o la frase de recuperación, las monedas en autocustodia quedan técnicamente inaccesibles para siempre. La red de Bitcoin no tiene ningún mecanismo para reasignar fondos a un heredero, y ninguna autoridad puede forzarlo: ni un banco, ni un notario, ni un juez. Aunque exista una sentencia que reconozca al heredero, sin la clave esa sentencia no puede ejecutarse. Por eso el acceso, y no el derecho, es el verdadero punto de fallo en la herencia de criptoactivos.
¿Existe alguna sentencia en España sobre la herencia de criptomonedas?
A principios de 2026 no se ha identificado públicamente ninguna sentencia española que resuelva una disputa hereditaria específica sobre criptoactivos. Sí existen resoluciones que tocan el tema de forma tangencial, como la valoración de criptomonedas en procedimientos de divorcio o el tratamiento fiscal de las ganancias, pero no el conflicto típico entre herederos. El único pronunciamiento de fondo del Tribunal Supremo sobre la naturaleza del bitcoin es la sentencia 326/2019, de 20 de junio, dictada en una causa penal por estafa, que define el bitcoin como un activo patrimonial inmaterial que no es dinero. La ausencia de sentencias hereditarias no significa que el problema no exista: significa que, cuando falla, suele resolverse en silencio, sin llegar a los tribunales.
¿Cómo tributa en España heredar criptomonedas?
Las criptomonedas forman parte de la herencia y tributan por el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones, según su valor de mercado en la fecha del fallecimiento. El plazo para presentarlo es de seis meses desde el fallecimiento, prorrogable. Una particularidad importante: en una herencia, la revalorización que tuvieron las criptomonedas durante la vida del fallecido no tributa por IRPF, por la llamada plusvalía del muerto (artículo 33.3.b de la ley del IRPF). Esto distingue la herencia de la donación en vida, donde sí puede generarse una ganancia patrimonial en IRPF para quien dona si el activo se ha revalorizado.
¿Qué es un acta notarial de depósito y sirve para guardar una clave privada o una semilla?
El acta notarial de depósito es una figura recogida en los artículos 216 y siguientes del Reglamento Notarial que permite a un notario custodiar un documento, también en soporte digital, y entregarlo a la persona designada en las condiciones pactadas. Es una vía práctica para depositar la clave privada o la frase de recuperación de una cartera de Bitcoin, combinada con la mención de los criptoactivos en el testamento. No se trata de un protocolo oficial del Notariado dedicado en exclusiva a las criptomonedas, y cada notario decide si admite el depósito, pero es una solución real que ya se utiliza en España. La clave nunca debe escribirse en el propio testamento, porque este puede llegar a ser público.
¿Qué son los recovery scams y por qué amenazan a los herederos de criptomonedas?
Los recovery scams o estafas de recuperación consisten en contactar a víctimas de un fraude previo, o a familias con fondos bloqueados, prometiéndoles recuperar el dinero a cambio de un pago por adelantado en concepto de impuestos, tasas u honorarios. En España, la operación COINBLACK-WENDIMINE, desmantelada en abril de 2025 por la Policía Nacional y la Guardia Civil, documentó este patrón: tras estafar más de 19 millones de euros a 208 víctimas con falsas inversiones en cripto, los responsables volvían a contactarlas haciéndose pasar por agentes de Europol o abogados extranjeros para cobrarles de nuevo. Los herederos de criptoactivos, que saben que hay un patrimonio al que no pueden acceder, son un objetivo especialmente vulnerable.
¿Qué pasó con el Bitcoin de Mircea Popescu?
No se sabe, y esa es precisamente la cuestión. Mircea Popescu, fundador de la bolsa de Bitcoin MPEx y autor del blog Trilema, murió ahogado en Costa Rica en junio de 2021 a los 41 años. Afirmaba poseer más de un millón de bitcoins, aunque esa cifra nunca fue confirmada de forma independiente y las estimaciones más prudentes hablan de decenas de miles. Sus direcciones de Bitcoin no son públicamente conocidas, por lo que no es posible verificar si las monedas siguen inmóviles o se han movido, y no se le conocen herederos, testamento ni plan de sucesión. La idea de que su familia no tiene acceso a los fondos es un rumor no confirmado. El caso ilustra cómo una fortuna en Bitcoin puede volverse invisible cuando su titular fallece sin dejar instrucciones.